Mafia
en las instituciones
Cuántos de nosotros hemos oído aquellas historias de la mafia que sacudió a Chicago, en la época de la depresión económica norteamericana, en la segunda década del siglo XX, y de aquel personaje ya mítico llamado Al Capone, el cual hacía suya una ley corrupta, salvaje y sucia. También hemos sentido que esa situación es lejana a nuestra sociedad venezolana; sin embargo, es parte del pan nuestro de cada día. La misma se hace tangible en las instituciones públicas venezolanas, ministerios y universidades, que son tan nuestras y a la vez tan ajenas, por los vicios que las esclavizan.
El padre de la mafia, el capo, reina en estos lugares, donde los grandes méritos de la gente que no pertenece a su banda pasan sin gloria, se pisotean, o se ocultan, mientras que las pequeñas cosas hechas por sus compinches se presentan como grandes adelantos a la ciencia, al arte y al desarrollo de las disciplinas en general. En esta selva donde el león somete al resto, los ascensos a base de trabajos plagiados; los concursos con candidatos "designados al dedillo"; y la desviación de fondos públicos para la creación de cargos inútiles, a pesar de la austeridad extrema en que vivimos, están a la orden del día. Ahí está la dulce mafia, para quienes la acompañan, y tan agria, para aquellos que la combaten y luchan por la justicia y el respeto a estas instituciones carcomidas por la corruptela.
En Venezuela, aunque hemos defendido tanto la libertad, la democracia y la legitimidad de nuestras instituciones, hasta el límite de sacrificar la vida de mujeres y hombres valientes, aún seguimos sumergidos en el atraso y en la mediocridad que nos recuerdan la situación del Chicago de hace casi un siglo. Limpiar nuestras instituciones de vicios, combatir la deshonestidad y la mafia organizada debe ser nuestra prioridad en este momento. Esto se hace denunciando, pidiendo que se abran averiguaciones y exigiendo el cumplimiento de nuestros derechos. Los venezolanos por naturaleza no toleramos las injusticias ni la cacería de brujas. Este país necesita gente decidida a combatir los grandes males. En nuestros tiempos, las batallas verdaderas se libran a favor de la dignidad del hombre, la independencia ideológica y la solidaridad hacia la gente que ha sido victima de las hordas mafiosas.